Por: Evelyn Abreu
Que lo sepan los culpables. HAY AUSENCIAS QUE EL TIEMPO NO CONSIGUE BORRAR Y HAY FAMILIAS QUE NO SE RINDEN.
Hoy llegó a mis manos este testimonio de Taty Ramírez, esposa de Narciso González Medina, desaparecido en 1994.
Al leer sus palabras, me detuve a pensar en todo lo que significa buscar a un ser querido durante años; vivir con ese dolor día tras día, sostener la memoria de quien falta y, aun así, continuar reclamando respuestas mientras el tiempo pasa y las preguntas permanecen.
En este documento no solo hay una denuncia. Hay una esposa que recuerda, una familia que no renuncia a su derecho a saber y una exigencia de justicia que se niega a desaparecer.
Como mujer comprometida con la defensa de los derechos humanos, como hija de una mujer desaparecida y como parte de la lucha de tantas familias que buscan a sus seres queridos, siento que testimonios como este deben ser conocidos, preservados y compartidos. Porque ninguna familia debería tener que dedicar su vida entera a buscar respuestas.
Porque la verdad no pierde importancia con los años. Y porque el silencio y la impunidad no pueden convertirse en el destino de quienes buscan a sus seres queridos.
Narciso González Medina no es solo parte de nuestra historia. Su caso nos recuerda que detrás de cada desaparición hay una familia que merece respuestas. La memoria también es una forma de resistencia. Mantener viva una historia es negarse a que el olvido tenga la última palabra.
Que lo sepan quienes tienen una deuda con la verdad: las familias no olvidan. La búsqueda continúa.



