
En la República Dominicana se ha abierto paso un fenómeno inquietante que mina la confianza en uno de los sectores con mayor proyección del país: el sector inmobiliario.
Me conmovió sobremanera, como un dominicano residente por más de 30 años en Estados Unidos, perdió los ahorros de toda su vida para venir a retirarse en su tierra natal, al intentar invertirlos en varias viviendas, una para vivir y otras para utilizarlas como sustento. ¿Cómo? Mediante proyectos inmobiliarios que nunca se materializaron a pesar de entregar grandes millonarias sumas de dinero.
Esto revela que más allá del sueño de tener una vivienda propia o hacer una inversión rentable, existe un riesgo real de caer en fraudes que destruyen patrimonio, ilusiones y prosperidad.

El mercado inmobiliario dominicano ha sido crecido significativamente en los últimos años, y no se puede dejar de reconocer que ha facilitado el acceso a muchas personas de iniciar su mayor proyecto de vida, tener un techo propio. Este crecimiento abarca el turismo creciente, desarrollo de zonas costeras, inversión extranjera, vivienda de rescate para dominicanos en la diáspora. Pero simultáneamente han surgido estafas cada vez más sofisticadas.

Este aumento vertiginoso de los fraudes inmobiliario podríamos explicarlo, precisamente en la alta demanda que existe y al mismo tiempo la fragilidad regulatoria del país en esta materia.
A esto se suma el sistema legal y sanciones débiles, que según expertos, las penas por estafa inmobiliaria en el país son muy ligeras, lo que reduce el efecto disuasorio.
Esto tiene un impacto muy negativo para el país, sobre todo para el clima de inversión extrajera, es un factor serio a analizar con urgencia antes de ser vistos en el plano internacional como una nación con alto riesgo para invertir.

Es imperante que las instituciones del Estado, los entes reguladores y los organismos del sector inmobiliario jueguen su papel, actualizando la legislación para sancionar con mayor severidad las estafas inmobiliarias y asegurar que haya protección efectiva de los compradores, mejorar los mecanismos de supervisión de los proyectos inmobiliarios y campañas educativas orientadas a informar como identificar y verificar la fiabilidad de una constructora.

Y como ciudadanos, también debemos ser responsables, informarnos mejor, orientarnos, tomarnos tiempo para investigar a quienes les estamos haciendo entrega de nuestros recursos, la mayoría de veces, ganados con mucho esfuerzo. Debemos dejar la ligereza y darnos cuenta, que la mayoría de lo que nos quieren presentar como una “ganga”, fácilmente nos deje embarcados sin un destino determinado.





