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INTRANT y la cultura del “nadie respeta nada”

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Por@Danylsavargas

En la República Dominicana el problema del tránsito ya no es solo técnico: es cultural. Y ahí radica el mayor desafío del Instituto Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre (INTRANT). No se trata únicamente de semáforos inteligentes, multas digitales o nuevas resoluciones. El verdadero obstáculo es una mentalidad colectiva que ha normalizado el irrespeto como regla.

Porque el caos vial no comenzó ayer. Se construyó durante años de permisividad, fiscalización intermitente y decisiones que nunca terminaron de aplicarse. Cada vez que el INTRANT anuncia una prohibición —como la restricción a vehículos pesados en el carril izquierdo— la medida genera titulares, pero pocas veces genera consecuencias sostenidas.

El problema no es la norma, es la aplicación

La República Dominicana no carece de leyes de tránsito. Tiene una legislación relativamente moderna. Lo que falta es autoridad efectiva. Y autoridad no significa represión indiscriminada; significa coherencia.

Cuando una norma se anuncia y no se cumple, el mensaje social es devastador: “no pasa nada”.
Cuando una multa se impone selectivamente, el mensaje es peor: “depende de quién seas”.

Esa erosión de credibilidad institucional es lo que convierte cada avenida en territorio sin reglas.

¿Está solo el INTRANT?

No. El problema del tránsito no es exclusivo del INTRANT. Involucra a la DIGESETT, a los ayuntamientos, al Ministerio de Obras Públicas y, sobre todo, a la voluntad política de sostener medidas impopulares en el tiempo.

Pero el INTRANT es el órgano rector. Y cuando el rector no logra imponer orden, el sistema completo se diluye.

La cultura del “yo me meto”

El dominicano promedio no se salta la fila solo en el tránsito. Lo hace en cualquier espacio donde perciba ausencia de autoridad. El tránsito es simplemente el reflejo más visible.
• Motoristas sin casco.
• Vehículos pesados en carriles prohibidos.
• Guaguas públicas deteniéndose donde quieran.
• Conductores que convierten el carril de emergencia en vía rápida.

No es falta de información. Es falta de consecuencia.

El dilema político

Aplicar la ley con firmeza genera resistencia. Multas masivas impactan popularidad. Retener vehículos crea ruido mediático. Y ahí surge la pregunta incómoda:
¿Está el liderazgo político dispuesto a pagar el costo de imponer orden?

Porque sin respaldo político real, el INTRANT queda reducido a emisor de comunicados.

El tránsito como síntoma de algo más profundo

El caos vial no es solo un problema de movilidad. Es un indicador del estado de la autoridad en la sociedad. Cuando nadie respeta la luz roja, tampoco se respetan otras reglas.

El reto del Instituto Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre no es solo organizar el tránsito. Es reconstruir la idea de que la norma se cumple.

Y eso no se logra con operativos aislados.
Se logra con coherencia, permanencia y consecuencias reales.

Porque mientras en las calles siga imperando la cultura del “nadie respeta nada”, cualquier reforma será solo tinta en el papel.

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