Por: Ana Jiménez
A medida que se acerca el ciclo electoral de 2028, aumenta la cantidad de voces que intentan influir en la opinión pública.
Políticos,comunicadores, grupos de poder, organizaciones sociales y distintos sectores de la vida nacional presentan sus visiones sobre lo que debe ocurrir en el país e incluso aventuran pronósticos sobre quiénes serán los próximos gobernantes.
Este fenómeno es normal en toda democracia. Sin embargo, los ciudadanos deben comprender que detrás de muchos de estos discursos existen intereses, estrategias políticas y objetivos particulares.
Algunas opiniones responden a convicciones genuinas; otras, a conveniencias coyunturales o a compromisos económicos y políticos.
Por esa razón, resulta fundamental que la sociedad dominicana fortalezca su capacidad de análisis y pensamiento crítico. La democracia no puede sostenerse sobre ciudadanos desinformados o manipulables.
Una población educada, que investiga, compara propuestas y cuestiona narrativas, es la mejor garantía para el desarrollo institucional de cualquier nación.
Durante años hemos visto cómo las emociones, las promesas de campaña y las estrategias de marketing político han influido más que los programas de gobierno o los resultados de gestión.
En muchas ocasiones, los debates sobre educación, salud, seguridad ciudadana, transparencia, empleo y desarrollo económico quedan relegados frente a las campañas de imagen y las confrontaciones partidarias.
La responsabilidad del elector va más allá de simpatizar con una figura política. Votar implica pensar en el futuro del país, en las oportunidades de las próximas generaciones y en el tipo de sociedad que queremos construir.
Significa evaluar la trayectoria de los candidatos, su capacidad de gestión, sus valores y su compromiso con el bienestar colectivo.
Los dominicanos debemos entender que el verdadero poder no reside únicamente en quienes aspiran a gobernar, sino en los ciudadanos que tienen la facultad de elegir.
Por ello, es necesario rechazar la manipulación, la desinformación y los intentos de convertir a la población en simples seguidores de consignas políticas.
La República Dominicana necesita ciudadanos activos, informados y comprometidos con la defensa de sus derechos. Necesita una sociedad que exija rendición de cuentas, transparencia y resultados concretos. Necesita electores que voten con conciencia y no movidos únicamente por emociones pasajeras o intereses particulares.
Las elecciones de 2028 llegarán en su momento. Mientras tanto, el desafío es prepararnos como sociedad para tomar decisiones responsables. Más que preguntarnos quién ganará, debemos preguntarnos qué país queremos dejar a nuestros hijos y nietos.
El futuro de la nación no debe construirse sobre la base de la propaganda, sino sobre la educación, la participación ciudadana y la conciencia democrática.
Solo así podremos avanzar hacia una República Dominicana más justa, más fuerte y con mayores oportunidades para todos.



